domingo, 3 de febrero de 2013

La deuda

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Título: La deuda (The debt)
Director: John Madden
Intérpretes: Jessica Chastain, Sam Worthington, Marton Csokas, Helen Mirren
Año de estreno: 2011

2011 fue el año de Michael Fassbender y Jessica Chastain, pues se dieron a conocer al gran público estrenando ambos un gran número de películas. Muchas de las protagonizadas por Fassbender han sido comentadas en este blog, pues es uno de mis actores preferidos, y puede que le toque ahora a ella. Me quedé con ganas de ver La deuda cuando se estrenó, y no se me olvidan fácilmente las películas que quiero ver.

Nos encontramos en el año 1997. Los ex-agentes del Mossad Rachel Singer y Stefan Gold asisten a la presentación de un libro redactado por la hija de ambos en el que relata la misión llevada a cabo por sus padres y un tercer agente, David Peretz, en el Berlín Oriental en 1965, cuando atraparon a un criminal de guerra nazi con el objetivo de que fuese juzgado en Israel y al que Rachel mató en defensa propia cuando la atacó para intentar escapar. A través de flashbacks se nos muestra dicha misión, y somos testigos de la presión bajo la que se encuentra una novata Rachel, atrapada en un triángulo amoroso con sus dos compañeros que se suma a la presión de buscar a Dieter Vogel.

La película responde a la moda de los remakes estadounidenses de cintas extranjeras de éxito: La deuda adapta una película israelí de idéntico título estrenada en 2007, si bien cambia varios detalles de la trama para adaptarla al gusto hollywoodiense. Esto no impide que La deuda sea una película excelente, tanto en el desarrollo de su argumento, en el que el romance parece acentuar el ambiente de thriller que persiste a lo largo de toda la historia, como en su cinematografía (muy adecuada para las dos líneas argumentales en las que se desarrolla) y el destacable trabajo de los actores, sobre todo Jessica Chastain y Helen Mirren como Rachel a los veinticinco y a los cincuenta y cinco años, ejerciendo ambas actrices una labor de mímesis sencillamente impresionante.

Puntuación: 8

jueves, 31 de enero de 2013

Mañana, cuando la guerra empiece

Título: Mañana, cuando la guerra empiece
Autor: John Marsden
Año de publicación: 1993
Editorial: Molino


Si el éxito de Crepúsculo logró que se publicase en España la saga Crónicas Vampíricas, cuyas cuatro primeras entregas triunfaron en Estados Unidos a principios de los 90, quizá haya quien abrace la teoría de que ha sido el boom de Los Juegos del Hambre lo que ha conseguido que aterrizara, hace dos años, la primera entrega de una saga súperventas en Australia, país natal del autor. La saga Mañana, que consta de siete novelas publicadas entre 1993 y 1999 (más otros tres libros que forman The Ellie Chronicles, que vieron la luz entre 2003 y 2006) es un auténtico hito en la bibliografía de su prolífico autor, y la primera entrega fue adaptada en un largometraje que se estrenó, sin demasiada pena ni gloria, en 2010. Está visto que sólo los productos estadounidenses reclaman la atención que merecen. No sé muy bien cómo llegó a mis manos la información acerca de la existencia de esta saga, pero sí sé que su premisa me pareció sencillamente fascinante.

Ellie y su mejor amiga, Corrie, organizan una acampada en un paraje de difícil acceso conocido como el Infierno en las semanas finales de las vacaciones de verano previas al inicio de su último año de instituto. Un grupo de amigos se unen a ellas, la mayoría hijos de granjeros, como ellas, salvo dos, de orígenes muy diversos. Al regresar a casa tras una semana en el Infierno, los chicos descubren que todas las granjas parecen abandonadas, no hay electricidad ni teléfono. No tardan en descubrir que Australia ha sido invadida por una nación extranjera, y desde ese momento centran todos sus esfuerzos en dos objetivos principales: descubrir qué demonios sucede y, ante todo, mantenerse juntos, con vida y a salvo.

Hay varios puntos en Mañana, cuando la guerra empiece que encontré muy interesantes en la novela. Para empezar, está el país en el que se desarrolla. Aunque la región de Australia en la que tiene lugar la acción es ficticia, Marsden demuestra conocer su país describiendo una geografía muy precisa y detallando accidentes del terreno, tipo de vegetación e incluso animales de la zona, estableciendo descripciones no sólo de la naturaleza salvaje, sino también de las granjas y la vida rural. Acostumbrada como estoy a leer novelas que se desarrollan en Estados Unidos (sobre todo en narrativa juvenil), la ambientación australiana es un soplo de aire fresco, que resulta además absorbente. También es de gran interés la época en que tiene lugar, pues no es ciencia-ficción: se desarrolla en el presente, en plenos años noventa, y en los momentos más tensos me gritaba: "¡Coged un móvil!". Parecerá una tontería, pero detalles como ésos ayudan a hacer más angustiosa la acción, pues todo resulta a la vez cercano y lejano en el tiempo. Me gustó mucho que los personajes sean hijos de granjeros y que estén acostumbrados al esfuerzo físico, pues hace creíbles numerosos giros de la trama, acciones y reacciones de los personajes, que de lo contrario habrían resultado forzados. Y aunque el curso de los acontecimientos es lento (no pasan demasiadas cosas en la primera novela), al mismo tiempo los personajes no dejan de moverse, de cometer errores de los que se comprometen a aprender (otro detalle verosímil) y de hacer planes que no salen a pedir de boca, de manera que, aunque al finalizar la novela tenemos la sensación de no saber nada, la necesidad de conocer los detalles de la invasión y el devenir del grupo hace necesaria la lectura de la segunda entrega (estoy deseando que caiga en mis manos).

El único aspecto negativo es, en mi opinión, la perspectiva en primera persona de la protagonista. Me da la sensación de que el autor, al ser hombre, no logra meterse tanto en la piel de su heroína como sí lo hacen muchas autoras en las suyas (léase Katniss Everdeen en Los Juegos del Hambre, Lena Holoway en Delirium o incluso Bella Swan en Crepúsculo), y aunque hay romance, persiste en torno a éste cierto aire de banalidad, o quizá se deba a que el autor no ahonda en él, y eso que la propia tesitura de la historia ofrece  los ingredientes necesarios para darle al romance una fuerza muy especial. Pero quién sabe, quizá ese aspecto mejore, tengo seis libros más de la saga por delante. Y de todas formas, el estilo de Marsden se centra tanto en la supervivencia que logra hacer del romance un tema secundario.

De las siete entregas de la saga (diez, si le sumamos The Ellie Chronicles), Molino ha publicado en España las tres primeras, titulando la segunda En tierra de tinieblas (el original es The dead of the night, "Los muertos de la noche") y la tercera Muerte blanca (en inglés The third day, the frost, "El tercer día, la helada"). Sinceramente, no sé si seré capaz de aguantar el ritmo de la publicación española, pues Mañana, cuando la guerra empiece me enganchó muchísimo y me lo leí en dos sentadas. Pero antes de empezar con la continuación, quiero ver la película... Inevitable, ¿no?

Puntuación: 9

lunes, 28 de enero de 2013

El hobbit: Un viaje inesperado

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Título: El hobbit: Un viaje inesperado (The hobbit: An unexpected journey)
Director: Peter Jackson
Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Andy Serkis
Año de estreno: 2012

El estreno de una película que adapta una novela famosa levanta siempre expectación, y el caso de El Señor de los Anillos fue sencillamente épico, como épico fue el resultado. Por eso, cuando Peter Jackson anunció que también adaptaría la novela previa de Tolkien, en la que introdujo por primera vez ese mundo fascinante que es la Tierra Media, los incondicionales del autor, que son muchos y muy variados, se pusieron a temblar, pero de emoción. Mucho ha llovido desde entonces, debido a los numerosos problemas de producción a los que se enfrentó la esperada película, hasta que finalmente Peter Jackson decidió hacerse cargo de la adaptación de El hobbit personalmente, tomando, sin duda, la mejor decisión al respecto. Volvió a llevar a su equipo a su Nueva Zelanda natal e incluso acabó desdiciéndose, pues en un principio anunció que la novela se adaptaría en dos películas, que han acabado siendo tres. En diciembre tuvo lugar el (esperadísimo) estreno de la primera entrega, subtitulada Un viaje inesperado, y por fin, ¡por fin! he ido a verla.

Como todo el mundo sabe, en un agujero en el suelo vivía un hobbit llamado Bilbo Bolsón. Bilbo lleva una vida tranquila hasta que un mago, Gandalf el Gris, le recluta para unirse a una compañía de enanos encabezada por Thorin Escudo de Roble, heredero legítimo de la Montaña Solitaria, antaño reino de los enanos, usurpada por un gigantesco dragón de fuego llamado Smaug. Bilbo, muy reacio al principio, acaba accediendo a acompañarles, aunque el motivo por el que Gandalf le ha reclutado le es aún desconocido. A lo largo de su viaje, el hobbit se irá enfrentando a no pocos retos y conocerá a muy diversos personajes de la Tierra Media, dándole a conocer un mundo completamente distinto a su pacífica Comarca.

Al diseccionar El hobbit, es inevitable mencionar la trilogía de El Señor de los Anillos, pues, al margen de los avances tecnológicos experimentados en el campo de los efectos especiales, la primera entrega de esta nueva trilogía (y es de suponer que también el resto) mantiene el aspecto visual y técnico, dando una gran cohesión a lo que será una magnífica colección de adaptaciones de Tolkien en un futuro. Nueva Zelanda vuelve a transformarse en la Tierra Media y Jackson vuelve a regalarnos la vista con impresionantes planos de helicóptero de la geografía del país, que rodean a los distintos personajes, perfectamente caracterizados con una fantástica profusión de detalles.

En el elenco de actores se distinguen dos grupos: los que repiten sus papeles en El Señor de los Anillos y las caras nuevas. A un lado del cuadrilátero, los veteranos, con Ian McKellen a la cabeza, demuestran una vez más su compromiso con sus respectivos personajes. Mención especial para Cate Blanchett, espléndida como la reina Galadriel, es una pena que sus escenas sean cortas (nunca le dan espacio para lucirse, ¡con lo importante que es su personaje!). Al otro lado tenemos a Bilbo y a los trece enanos. Martin Freeman se convierte en el perfecto protagonista, encarnando al Bilbo ideal, y los enanos, a pesar de su papel un poco más secundario, tienen ocasiones para lucirse y dar una imagen muy fresca y divertida que nos recuerda por qué El hobbit fue concebida como novela infantil. Rompe un poco ese ambiente Thorin, pues Richard Armitage aporta al personaje un carácter muy serio y severo, que da a la Compañía el toque épico en su gesta.

La segunda entrega, The desolation of Smaug, verá la luz el año que viene. Adivino que no soy la única deseando verla.

Puntuación: 9

viernes, 25 de enero de 2013

El show de Truman

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Título: El show de Truman (Una vida en directo) (The Truman show)
Director: Peter Weir
Intérpretes: Jim Carrey, Laura Linney, Noah Emmerich, Ed Harris
Año de estreno: 1998

Todos conocemos actores encasillados, recordados especialmente, cuando no sólo, por su interpretación de ciertos papeles. Pero a veces esos actores no se dedican únicamente a una línea interpretativa por carecer de registro, sino porque son los que realmente les gustan. Le sucede, por ejemplo, a Brendan Fraser, que en varias entrevistas ha afirmado hacer cine familiar porque es su preferido; apuesto a que otro es Jim Carrey, un cómico por excelencia que le dio su primera oportunidad a otros géneros con El show de Truman.

Truman Burbank es un hombre corriente con una vida sencilla en una pequeña y pintoresca ciudad costera. Truman trabaja en una compañía de seguros, está felizmente casado y mantiene su amistad con Marlon desde que eran niños. Sin embargo, la repentina reaparición de su padre, al que creía muerto, le hace reparar en una serie de desconcertantes detalles que le llevan a sospechar que hay algo muy extraño con su vida. Y es que Truman es el protagonista de El show de Truman, el reality show definitivo, que empezó a rodarse cuando nació y se ha emitido ininterrumpidamente desde entonces. Su ciudad es un estudio, sus amigos son actores, sus conciudadanos son extras y por encima de todos, controlando cuanto sucede en la vida de Truman, se halla Christof, el creador del programa.

Aunque El show de Truman es un melodrama satírico, es una de esas películas que, enfocadas de otra forma, podrían dar lugar a otra película completamente distinta, en particular con los aspectos de realidad simulada que rodean a Truman, y que tienen un punto perturbador que el director no explota para dirigir la historia por donde él quiere y plantear una serie de interrogantes de índole filosófica. Uno de los aspectos que más me ha interesado es lo que llegamos a ver del público del programa, que sigue ávidamente la vida de Truman con ese voyeurismo casi sórdido que explica la existencia misma de los reality shows (ese tipo de programas cada vez más presentes en Europa y que en Estados Unidos son el pan nuestro de cada día), pero que al mismo tiempo desea que Truman logre escapar poniendo fin a la farsa. Me ha recordado a algo que reflexioné cuando vi The queen: nos gusta que una plebeya se case con un príncipe como en los cuentos de hadas, pero nos gusta todavía más que dicha plebeya se ponga el mundo por montera y desafíe las normas de la monarquía; es como ver cumplidos dos deseos completamente opuestos a la vez.

Jim Carrey demostró con El show de Truman que ser gracioso no implica ser sólo capaz de hacer comedia. La película le granjeó un muy merecido Globo de Oro al Mejor Actor de Drama, pues logra que el personaje de Truman progrese del aspecto de los anuncios de colores chillones de los 50 a un realismo y una verosimilitud casi hipnóticos. Lástima que el doblaje no ayude, seguramente su voz española, tan aguda, es más adecuada para la comedia.

Puntuación: 9

lunes, 21 de enero de 2013

Radiant shadows

Título: Radiant shadows
Autor: Melissa Marr
Año de publicación: 2010
Editorial: HarperTeen

Se me acumula la literatura juvenil, y si no fuese suficiente con lo que se publica en España, sigo explorando lo que sigue sin traducirse, aunque en el caso de esta saga sea a partir del segundo volumen, tal y como he explicado en anteriores reseñas. La saga Wicked Lovely se ha convertido en una de mis preferidas, y he empezado a buscar con ahínco los materiales extra que completan esta fantástica historia, además de los cinco libros que la forman.

Al igual que Tinta peligrosa, Radiant shadows ("Sombras resplandecientes") se aparta de la historia de Aislinn, Keenan y Seth, retomada en Fragile eternity, para convertir en protagonistas a dos personajes secundarios de la saga. Por un lado tenemos a Ani, mitad humana, mitad hada; su padre es Gabriel, el sicario del rey de la Corte Oscura y líder de la Caza. Por el otro está Devlin, la mano ejecutora de la Corte Suprema, creado a medias por Sorcha, que personifica el Orden, y Bananach, que personifica el Caos. Cuando Ani era niña, Devlin desobedeció la orden directa de asesinarla, y cuando se reencuentra con ella, convertida en una adolescente rebelde cuyo mayor deseo es formar parte de la Caza, descubre que posee un poder que sobrepasa el de las hadas de la Corte Oscura. Pero dicho poder atrae también a Bananach, que desea desatar una guerra sin precedentes entre las Cortes feéricas.

Si en Tinta peligrosa las Cortes del Verano y el Invierno pasaban a un segundo plano, en Radiant shadows desaparecen por completo salvo por un par de menciones, convirtiendo a la Corte Oscura en el verdadero epicentro de la historia; hubo pasajes en los que reparé en que, de no ser por la aparición de Seth, olvidaría por completo las Cortes de Keenan y Beira. Y como en las anteriores entregas, Melissa Marr se sirve de una prosa muy descriptiva para meternos en la piel de los personajes y hacernos visualizar los distintos escenarios en los que tiene lugar la historia. Se amplía, además, la información que tenemos sobre ese lugar hasta ahora un tanto inexacto que es Faerie, Sorcha empieza a mostrarse tal y como es y sus poderes son descritos con sorprendente claridad a pesar de su curiosa naturaleza.

Puntuación: 7

El cielo sobre Berlín

Título: El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin)
Director: Wim Wenders
Intérpretes: Bruno Ganz, Otto Sander, Solveig Dommartin, Peter Falk
Año de estreno: 1987

Últimamente tengo la sensación de que ya no veo cine "culto" ni películas de gran calado como lo hacía durante mis años de Universidad. En general veo menos películas, a pesar de mi reducido horario laboral, y me siento en deuda conmigo misma cuando se trata de películas de géneros que excluyan la acción y la comedia. Fue eso, en parte, lo que me inspiró para hincarle el diente a una película de culto en Alemania, de las últimas que se rodaron en la RFA y que tenía pendiente desde que oí hablar sobre ella este verano en Berlín.

Damiel y Cassiel son dos ángeles incorpóreos y eternos que vagan por Berlín observando a sus habitantes, visibles únicamente para los niños. Durante sus reuniones diarias, ambos reflexionan acerca de lo que significa ser mortal y experimentar vivencias que a ellos les están vedadas; de los dos, Damiel es el que más se plantea estas cuestiones, sobre todo tras enamorarse de una solitaria trapecista llamada Marion.

La trama de El cielo sobre Berlín se cuenta rápidamente, ya que la mayor parte de la película es contemplativa, y vemos a los ángeles caminar entre los humanos escuchando sus pensamientos; a lo largo de la película, en distintas secuencias, la voz en off de Damiel recita un largo poema de Peter Handke que versa sobre la diferencia entre la infancia y la edad adulta. Así, gran parte de las dos horas de metraje son largas secuencias en las que los dos ángeles observan, sin juzgar, a los habitantes de la ciudad; Wenders realiza al mismo tiempo una reflexión acerca del pasado y el presente de Berlín, que en aquella época vivía sus últimos meses como ciudad dividida, aunque entonces nadie lo sabía.

La película se recrea en planos de la ciudad filmados en un delicado blanco y negro que muestra el punto de vista de los ángeles; el delicado aspecto visual es el resultado del filtro que empleó el anciano director de fotografía Henri Alekan: una media de seda que perteneció a su abuela. Ciertas secuencias, rodadas en color, muestran el mundo tal y como es en realidad, cuando los ángeles no están presentes. El resultado es de un gran lirismo y gran belleza poética, un verdadero testigo de una ciudad en un momento muy determinado.

La historia de El cielo sobre Berlín concluye en la secuela, ¡Tan lejos, tan cerca!, que estoy deseando ver.

Puntuación: 9

viernes, 18 de enero de 2013

La gata sobre el tejado de zinc caliente

Título: La gata sobre el tejado de zinc caliente
Autor: Tennessee Williams
Año de publicación: 1955
Editorial: El Mundo

Desde que mi madre me regaló por mi cumpleaños la Barbie de colección Elizabeth Taylor White Diamonds, he empezado a interesarme por la carrera de esta actriz tan emblemática. Hasta ahora, la única película completa que he visto protagonizada por ella es Gigante, más recordada por tratarse del último título estrenado por James Dean antes de su prematura muerte. Actualmente tengo pendientes varios títulos de la filmografía de Taylor, entre ellos La gata sobre el tejado de zinc, que adapta la obra de teatro que nos ocupa. Ya que tenía el libro en casa, preferí leerlo antes de ver la película, una de las interpretaciones más aplaudidas de Elizabeth Taylor, que logró que su personaje robara el protagonismo al de Paul Newman, verdadero epicentro de la historia.

La gata sobre el tejado de zinc caliente se desarrolla en el seno de una familia en crisis, los Pollitt, del sur de los Estados Unidos. Durante la celebración del cumpleaños del patriarca de la familia, el abuelo, al borde de la muerte debido a un avanzado cáncer, salen a la luz las disputas entre sus dos hijos, el primogénito Gooper (ambicioso, celoso de la preferencia de su padre por el hermano menor) y el benjamín Brick (alcohólico, considerado un fracasado y lastrado por dolorosos traumas juveniles), y las esposas de ambos: la igualmente ambiciosa (y fértil) Mae y la insatisfecha Margaret, más conocida como Maggie. El gran asunto de la tarde en la que se desarrolla la historia es el reparto de la cuantiosa herencia del patriarca, y los implicados no tardan en mostrar sus cartas con el objetivo de sacar el máximo provecho posible.

El título proviene de la manera en que Maggie se define a sí misma al comienzo del primer acto, cuando describe su insostenible relación con Brick: es una gata sobre un tejado de zinc caliente, cuyo único triunfo es aguantar lo máximo posible sentada en dicho tejado. Brick emplea más adelante el símil para hacer alusión a sus problemas con la bebida, que comenzaron a raíz del suicidio de su mejor amigo, Skipper; el tema de la homosexualidad, con sus tabúes y sus malinterpretaciones, queda dolorosamente expuesto cuando Brick se sincera con su padre. La cercanía de la muerte y la ausencia de honestidad cierran el mosaico de temas tratados en la obra, que configura un drama en el que se pueden identificar, sin dificultad, situaciones familiares reconocibles y extrapolables a la realidad. Se deja, sin embargo, un resquicio de esperanza que da a la historia un final abierto, con una nota positiva entre tanto dolor.

La gata sobre el tejado de zinc es una historia de gran fuerza y sentimientos esbozados con mucha intensidad. Su lectura me ha dado muchas ganas de leer algo más de este dramaturgo estadounidense tan atormentado.

Puntuación: 9