jueves, 6 de octubre de 2011

Revisión: Alice 19th

Título: Alice 19th
Autor: Yuu Watase
Género: Shoujo
Editorial japonesa: Shogakukan
Editorial española: Glénat
Número de volúmenes: 7

Como últimamente tengo el manga muy abandonado, las series que verdaderamente me gustan son las que regresan a mí con más fuerza. Buen ejemplo de ello es Alice 19th, un shoujo que, sin ser de lo mejorcito (Yuu Watase no será recordada por él, precisamente), reúne las características que le dieron la fama a su consagrada autora antes de que se lanzase a experimentar nuevos campos en lo que a manga se refiere.

La protagonista es Alice Seno, una tímida adolescente que vive bajo la sombra de su hermana mayor, Mayura, que es todo lo contrario a ella: Mayura es guapa, deportista, estudiosa... Lo tiene todo para triunfar. Por eso, cuando Mayura decide declararse al chico que le gusta a Alice en secreto, su compañero del club de tiro con arco Kyô Wakamiya, nuestra protagonista decide no interferir. Al salvar a una conejita de ser atropellada por un coche descubre que es una Maestra del Lotis, un lenguaje sagrado formado por 24 palabras cargadas de poder. La conejita, Nyozeka, le explica que la ha reconocido como una de los "nuevos Maestros" al haber descubierto ella sola un Lotis cuando arriesgó su vida para salvarla: el décimonoveno, "Langu", que significa Valor. No obstante, Alice desconoce el poder de sus propias palabras hasta que, durante una discusión con Mayura, hace desaparecer a su hermana. A partir de ese momento, su conversión en Maestra del Lotis se acelera para lograr su objetivo: rescatar a su hermana de las garras de las tinieblas.

Podríamos hablar de Alice 19th como una incursión de Yuu Watase en el subgénero de las magical girls, ya que la serie reúne todas sus características, pero no me atrevo a tildarlo como tal debido a que Alice no es la única con poderes... Como en todas las series de Yuu Watase, hay un triángulo amoroso (bueno, dos, y en ambos se encuentran Alice y Kyô), viñetas cómicas que no vienen a cuento, escenitas en la ducha... El desarrollo de la trama es regular, clásico, aunque para mi gusto los personajes secundarios aparecen demasiado tarde y no da tiempo a que se les desarrolle lo bastante, pero Watase se luce con la tragedia que conlleva la relación de Alice y Kyô de principio a fin, además del personaje de Mayura, que da mucho juego.
En resumen, Alice 19th es un shoujo interesante, con la garantía del sello Watase, que asegura una ración de esos tópicos que tanto nos gustan a sus lectores.

Puntuación: 8

martes, 4 de octubre de 2011

RED

Imagen de Wikipedia
Título: RED
Director: Robert Schwentke
Intérpretes: Bruce Willis, Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren
Año de estreno: 2010

Con todas las películas se aprende algo, incluso aunque no sea de la película en sí. Y con RED, yo aprendí (o mejor dicho, re-aprendí) que uno no debe fiarse de las críticas, buenas o malas, sobre todo si atañen a una película que tienes ganas de ver por la razón que sea. En esta crítica voy a dar nombres y apellidos, porque quiero transmitir lo más verazmente que pueda esta idea. Ya me arriesgué con Sucker Punch pese a sus malas críticas y gracias a eso tengo forjada una opinión propia (que no es buena, pero al menos es mía). No soy la única a la que le gustan películas denostadas por los críticos y odian películas tildadas de obras maestras, ¿verdad? Allá va mi affaire con RED.

Sucedió un jueves, claro. ¿Y por qué "claro"? Pues porque los jueves se emite en La 2 el programa Días de Cine, que ofrece adelantos y críticas a las películas que se estrenan al día siguiente. El programa de aquel día lo abrió RED, una película basada en un cómic de DC con un reparto estelar que ya he detallado arriba. A decir verdad, la película me interesaba bastante, así que vi el pequeño reportaje dedicado a ella. De las lindezas que se decían de RED era que se trataba de una película vacía de contenido, con unos actores desaprovechados (por ser demasiado buenos para el nivel de la película), absurda y carente de todo interés. Me quedé completamente desinflada al oír aquello, así que desistí de ir a verla, algo de lo que me arrepentí enseguida, sobre todo cuando en aquel mismo programa (y otros más adelante) de Días de Cine comprobé que para los críticos que elaboran el programa, toda película venida de Estados Unidos que no fuese un drama existencial underground es una bazofia, mientras que toda película procedente de Europa (iba a decir tratase de lo que tratase, pero todos sabemos que el cine europeo trata, en un 90% de los casos, de lo mismo) era absolutamente increíble y maravillosa. Opté por dejar de ver Días de Cine. Por hipsters.

En cuanto a RED, hablaré de ella. El protagonista es Frank Moses, un agente retirado de la CIA que trata de sobrellevar lo mejor posible la jubilación entregándose a conversaciones telefónicas con Sarah, la encargada de Atención al Cliente en la oficina que gestiona su pensión. Su vida da un vuelco cuando aparece un Escuadrón de la Muerte que trata de acabar con él en su propia casa, y tras escapar, Moses se pone manos a la obra para averiguar quién está detrás de ese intento de asesinato. Tras llevarse consigo a Sarah para ponerla a salvo, el espía se pone en contacto con tres de sus viejos compañeros de fatigas: su mentor Joe Matheson, el ex-agente encubierto Marvin Boggs (sujeto del proyecto MK-ULTRA y, sin duda, el mejor personaje de la cinta) y la ex-agente de un Escuadrón de la Muerte Victoria. Una vez juntos, el cuarteto se ponen manos a la obra para destapar un oscuro asunto con capacidad para salpicar a peces gordos, pero gordos de verdad.

RED aúna en sí misma dos de los géneros que a los críticos más les gusta despreciar: la acción y la comedia. Con esos tintes de fantasmada que no pueden faltar en cualquier en ninguna adaptación de cómic, en el desarrollo de la película destacan por igual los tiroteos imposibles, las explosiones espectaculares, las frases ingeniosas y los personajes que derrochan carisma. Y es que, aunque Bruce Willis interpreta un papel clásico en él, Morgan Freeman y John Malkovich bordan unos personajes que les van como anillo al dedo, sobre todo el segundo, que insisto, tiene las mejores frases de toda la película, además de las escenas más hilarantes. Helen Mirren, sencillamente, deslumbra. No tengo otra expresión. Los cuatro protagonistas se integran a la perfección, y sus brillantes actuaciones como los geniales personajes que les toca interpretar rellenan lo que le falta de cohesión a la trama. De hecho, el éxito de RED ha sido tal que ya se ha anunciado que habrá secuela. Y qué queréis que os diga, esta vez no pienso perdérmela.

Puntuación: 9

viernes, 30 de septiembre de 2011

Tron

Imagen de Wikipedia
Título: Tron
Director: Steven Lisberger
Intérpretes: Jeff Bridges, Bruce Boxleitner, Cindy Morgan, David Warner
Año de estreno: 1982

Echando la vista atrás con un poco (o un mucho) de nostalgia nos topamos con los 80, esa época en que la tecnología empezaba a demostrar las cosas casi impensables que podían lograrse, y el cine de esa época ya lo dejó patente mostrándonos artilugios que ya existían, como el teléfono móvil (¿quién no recuerda esa escena en la que Gordon Gekko llama desde la playa a Bud y le dice: "Soy tu despertador. A trabajar"?), o artilugios soñados que lograban cosas más allá de la imaginación. Tron, todo un hito de la ciencia-ficción de los ochenta, juega con uno de esos conceptos, concretamente el de introducir a una persona en el interior de un ordenador, de una forma que marcaría época.

Kevin Flynn es un programador de gran talento que regenta un local de máquinas de arcade. Casi nadie sabe que los videojuegos de más éxito de su local, empezando por el súper-popular Paranoides Espaciales son de su creación, ya que Ed Dillinger le robó la idea, gracias a lo que escaló a lo más alto de la empresa informática ENCOM. Dos amigos de Flynn, los también programadores Alan y Lora, ofrecen al joven ayuda para demostrarlo pirateando el sistema burlando al Control Central de Programas, un programa de inteligencia superior que gestiona todos los demás y anhela un poder que va más allá de sus fronteras informáticas. No obstante, al verse amenazado, el CCP traslada a Flynn al interior del ordenador que utiliza gracias a un láser experimental. En el interior del ordenador, donde los programadores son dioses y el CCP un tirano, Flynn conoce a Tron, el programa creado por su amigo Alan, cuyo objetivo es destruir al malvado CCP.

La trama, narrada en una escasa hora y media, se nutre de la clásica lucha contra la tiranía, aunque en este caso la innovación se centra en los personajes, que pese a ser antropomorfos son en realidad programas informáticos. No puedo evitar el establecer un paralelismo con la serie de televisión Érase una vez... el cuerpo humano, en el que eran los glóbulos rojos y blancos, entre otros, los que poseían forma humana. Tron reproduce este esquema centrándose en las entrañas de un ordenador con gran originalidad, sobre todo visual, y la historia tiene un trasfondo muy interesante que no se nos deja vislumbrar más que a veces, cuando los programas hablan de sus programadores como si de dioses se trataran. Personalmente, me pareció que Tron tiene mucho más que ofrecer más allá del entretenimiento, pero tratándose de un producto Disney, ya sabemos lo que toca.

En cualquier caso, Tron es una pequeña joya ochentera que fascina si la miramos con la perspectiva de su época, algo que considero imprescindible con toda película. Su estética revolucionaria, su música estilo 8-bits y sus personajes debieron ser lo último en los ochenta, que ahora quedan como una entrañable llamada a la nostalgia.

Puntuación: 10

jueves, 22 de septiembre de 2011

Red de mentiras

Imagen de Wikipedia
Título: Red de mentiras (Body of lies)
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Russell Crowe, Mark Strong, Golshifteh Farahani
Año de estreno: 2008

Debo reconocer que el cine de espías me parece cosa del pasado, quizá porque tengo demasiado asociada la imagen del espía a esos hombres con gabardina que averiguan secretos para su gobierno, que suele ser el estadounidense, generalmente en un período comprendido entre la I Guerra Mundial y el final de la Guerra Fría. Por eso me sorprendió toparme con una película de espías que toca de cerca las guerras en Oriente Medio. Y es que, como siguen con su ritmo de vida normal, a una le cuesta acostumbrarse a que el país más poderoso del mundo esté en guerra.

Roger Ferris es un agente de la CIA destinado en Irak con la misión de atrapar al escurridizo líder terrorista Al-Saleem. Tras el fracaso de un operativo que se salda con la muerte de su contacto, Ferris es trasladado a Jordania para hacerse cargo de todas las operaciones en ese país. Así se pone en contacto con Hani Salaam, jefe del Servicio de Inteligencia Jordano. Éste se ofrece a trabajar con él para atrapar a Al-Saleem con una condición: que jamás le mienta. Ferris acepta, pero no cuenta con su desalmado jefe, Ed Hoffman, que desde Washington D. C. tiene planes muy distintos para avanzar posiciones hacia Al-Saleem. Sin embargo, cuando la operación fracasa y Ferris es acusado por Hani de haber roto su acuerdo, Hoffman y él idean un nuevo plan para atrapar a Al-Saleem.

La película se mueve en el convulso mundo de Oriente Medio mostrando una historia clásica en la que se introduce un elemento moderno que cambia la manera de hacer de los espías: la tecnología. En los primeros minutos de la cinta, Ed Hoffman realiza una disertación acerca de la manera en que los fundamentalistas islámicos utilizan los canales, llamémoslos, no tecnológicos de comunicación (lo que vendría siendo el clásico boca-a-boca) para marcar una superioridad sobre la CIA y otros servicios secretos, que se basan en sofisticados aparatos para comunicarse y realizar todo tipo de misiones. El ritmo de Red de mentiras resulta frenético, en todo momento suceden cosas y se revela información que se entreteje con lo que ya sabemos, algo parecido a la genial American Gangster.

Sin embargo, en mi opinión lo mejor de Red de mentiras son las interpretaciones. Leonardo DiCaprio da vida a un personaje solvente, aunque no tan sobresaliente por su parecido con otros a los que interpreta en películas recientes; no obstante, lleva de maravilla todo el peso de la acción. Pero el que brilla con luz propia es -no podía ser de otra forma- Russell Crowe como Ed Hoffman, el inclasificable jefe de Ferris, un personaje que logra hacerse odioso por la frialdad con la que maneja los acontecimientos, sin escrúpulo ninguno: no trabaja sobre el terreno y es de esas personas que piensan que el fin justifica los medios. La manera en que el actor desarrolla el personaje resulta francamente interesante, y sus intervenciones a lo largo de la película nos dejan el regusto de que hay algo raro relacionado con el pez gordo de la CIA... Entre Ferris y Hoffman se reparten ellos solos el peso de Red de mentiras, con permiso, claro, del resto de personajes, mucho más secundarios.

Puntuación: 8

martes, 20 de septiembre de 2011

El paciente inglés

Título: El paciente inglés (The English patient)
Director: Anthony Minghella
Intérpretes: Ralph Fiennes, Juliette Binoche, Kristin Scott Thomas, Willem Dafoe
Año de estreno: 1996
Últimamente no ponen en televisión tantas películas que quisiera ver como antes, así que tengo este blog un tanto abandonado (a lo que se suma mi incursión en una novela bastante larga que me está llevando un tiempo). El domingo por la noche, sin ir más lejos, me dediqué a mirar canales sin esperanzas de ver nada interesante cuando El paciente inglés, prácticamente una leyenda cuando era pequeña, se topó en mi camino, y decidí darle una oportunidad a una película que tanto bombo tuvo en los años 90, dejando tras de sí las astronómicas ventas de la novela en la que se basa.

Nos encontramos a finales de la II Guerra Mundial. Hana, una joven enfermera canadiense a la que la contienda le ha arrebatado a todos sus seres queridos, decide quedarse en un monasterio abandonado en la campiña italiana para cuidar a un herido de guerra que llegó completamente quemado y sin más identificación que la etiqueta "paciente inglés". El hombre, que parece sufrir amnesia, lleva consigo un libro plagado de dibujos y recuerdos, y tras la llegada de un misterioso y afable ladrón alistado en el Ejército que responde al nombre de David Caravaggio, el paciente comienza a recordar su pasado: él es el Conde húngaro Lázsló Almásy, miembro de la Real Sociedad Geográfica, que durante una expedición en el desierto de África se enamora de Katherine Clifton, una mujer casada. El convulso desarrollo de su relación y la situación política desembocan en el trágico desenlace que el Conde acaba recordando en el monasterio italiano.

A medida que veía El paciente inglés me decía: "tampoco me parece para tanto, es la típica historia de una mujer casada que se enamora de otro". Sin embargo, los últimos cuarenta y cinco minutos de la cinta son los que verdaderamente conmueven, cuando el relato de Lázsló transmite desolación y tristeza en toda su magnitud. Su historia se mezcla con su presente, convirtiendo a Hana en una secundaria de lujo, así como a David Caravaggio, y los flashbacks a través de los que está contada la historia de Lázsló tienen un sabor a recuerdo de lo más genuino; el efecto está muy logrado.

La ambientación de las dos historias paralelas es uno de los aspectos más destacados de El paciente inglés; se consigue así que nos integremos con las dos líneas narrativas que se desarrollan con unos diez años de diferencia entre una y otra. La interpretación de los actores es impecable, aunque en mi opinión destacan Ralph Fiennes (me costó acostumbrarme a verle con nariz) y Willem Dafoe; en su caso, el personaje que interpreta tiene un papel muy secundario, aunque se intuye que podría dar mucho más de sí. El paciente inglés ganó nueve óscars entre muchos otros galardones, y la verdad es que técnicamente se trata de una película de factura impecable que deja un poco atrás un argumento algo tópico al que los personajes y las interpretaciones de éstos hacen inolvidable.

Puntuación: 9

lunes, 5 de septiembre de 2011

La condesa de Hong Kong

Imagen de Wikipedia
Título: La condesa de Hong Kong (A countess from Hong Kong)
Director: Charlie Chaplin
Intérpretes: Marlon Brando, Sophia Loren, Sydney Chaplin, Tippi Hedren
Año de estreno: 1967

No hay como tener un canal de televisión en abierto para ver películas que de otro modo no te habrían llamado la atención. Aunque me gustan mucho las películas de Chaplin, sobre todo El chico y Luces de la ciudad, debo reconocer que a priori La condesa de Hong Kong no me atraía demasiado. Bueno, normalmente ahora debería decir que me ha cambiado la vida o algo así, pero tampoco ha sido para tanto. La condesa de Hong Kong es entretenida, con momentos divertidos, y ante todo es una rara avis dentro del legado que dejó Chaplin para la posteridad.

Odger Mears es el hijo de un potentado del petróleo que trata de labrarse una carrera política. Recibe su nombramiento como embajador de Arabia Saudí mientras se encuentra en Hong Kong, donde finaliza su viaje alrededor del mundo. Allí conoce a una condesa rusa exiliada llamada Natascha que acaba colándose en su camarote del barco que le lleva de vuelta, ya que ella quiere ir a los Estados Unidos, y viajar de polizón es su único recurso. Evidentemente, la idea no seduce lo más mínimo a Odger, pero no le queda más remedio que tolerar su presencia para no ver manchada su reputación. Con ayuda de Harvey, su mejor amigo, el embajador encubre a Natascha. Como no podía ser de otra manera, se acaban enamorando.

Lo cierto es que la trama de La condesa de Hong Kong no tiene nada que envidiar a las actuales comedias románticas, aunque su desarrollo es un tanto flojo, porque se nota que el tema no es el habitual en su insigne director. El punto de partida de la nobleza rusa exiliada daría mucho juego para un drama, pero Chaplin lo deja por debajo de la anécdota, ya que prefiere centrarse en lo que sucede en el interior del barco en que los personajes viajan a Norteamérica. El romance es también secundario, de hecho no vi demasiada química que digamos entre los personajes de Marlon Brando y Sophia Loren, pero es en las secuencias cómicas en las que Chaplin se luce, algunas de ellas herencia directa de esa slapstick comedy que él contribuyó a crear. La reticencia del director al sonoro se deja notar en el hecho de que las escenas más divertidas carecen de todo diálogo. Y una curiosidad: aunque Chaplin contó con dos grandes como cabeza de cartel y tuvo a la mismísima Tippi Hedren como secundaria de lujo, el mejor personaje de todos es sin duda el hijo del director, Sydney Chaplin, un verdadero robaescenas que protagoniza algunos de los mejores momentos de la cinta.

Puntuación: 6

domingo, 4 de septiembre de 2011

Oscar Wilde y la sonrisa del muerto

Imagen de libros.fnac.es
Título: Oscar Wilde y la sonrisa del muerto
Autor: Gyles Brandreth
Año de publicación: 2009
Editorial: Plata

Mucho ha llovido desde que leyera las dos primeras entregas de esta saga que creía olvidada. La última noticia que tuve de ella, al terminar de leer Oscar Wilde y el Club de la Muerte en el verano de 2009 fue que el autor estaba preparando una tercera entrega. Poco antes de hallar por sorpresa en una librería Oscar Wilde y la sonrisa del muerto volví a recordar esta saga, y no pude evitar preguntarme qué habría sido de ella. Después de leer Oscar Wilde y la sonrisa del muerto descubrí que, además de haber llegado a nuestro país con dos años de retraso (se publicó en Inglaterra en 2009), el mercado anglosajón ya ha visto publicada una cuarta entrega que en Inglaterra se llama Oscar Wilde and the Nest of Vipers ("Oscar Wilde y el Nido de Víboras"), aunque en Estados Unidos ha sido publicada bajo el título Oscar Wilde and the Vampire Murders ("Oscar Wilde y los Asesinatos del Vampiro"). Me pregunto con cuál de los dos verá la luz en España (cuando la vea, pero ése es otro tema), ya que las entregas anteriores nos han llegado con las traducciones de títulos ingleses y norteamericanos alternativamente. Pero ése es otro tema. Pasemos a la novela propiamente dicha.

Nos encontramos en 1882. Oscar Wilde realiza un ciclo de conferencias en Estados Unidos, donde conoce a un grupo de interesantes personajes. Entre ellos se encuentra Edmond La Grange, un famoso actor francés que lidera una compañía teatral. La Grange no tarda en pedirle a Oscar que le ayude a realizar una traducción del Hamlet de Shakespeare para llevarlo a escena en París, y el dramaturgo irlandés se une temporalmente a la compañía. Junto a Robert Sherard, su recién conocido amigo y eventual biógrafo, Oscar se ve envuelto en una peculiar trama cuando comienzan a aparecer muertos ciertos miembros del círculo más íntimo del excéntrico Edmond La Grange.

Debo reconocer que, aunque no he leído ninguna biografía de Oscar Wilde (a pesar de ser uno de mis personajes históricos predilectos, así como uno de mis mentores) para cotejar hasta qué punto diverge el reflejo que nos ofrece Brandreth del dramaturgo en las novelas con su verdadera persona. Lo cierto es que la magnética personalidad de Oscar sostiene por sí sola el desarrollo de la historia. Oscar Wilde y la sonrisa del muerto cambia de ubicación para desarrollarse en un decandente París fin de siècle en que el dramaturgo se codea con toda clase de personajes y situaciones hasta desembocar en un doble final con el particular encanto del personaje principal.

Tal vez la saga de Oscar Wilde no sea lo mejorcito de la novela negra, pero para mí tiene un encanto muy especial. No sé si se debe a que siento debilidad por su protagonista; en cualquier caso, os recomiendo que le deis una oportunidad para comprobarlo.

Puntuación: 9